El beso que nunca te di, es el que más extraño.
Mi princesa, no hay un solo día en el que no piense en ti, en lo mucho que echo de menos verte.
Extraño tu cara, cada centímetro de tu piel cada día me enamora más. Echo de menos verte a los ojos,
como se entrecierran cada vez que te reías, como se iluminaban cada vez que sonreías. Y es que me
dijeron que para enamorar a alguien hay que hacerle reír, pero cuando tú ríes, el que se enamora soy
yo.
Me hace falta verte jugar con tu pelo, ese mar de hilos sedosos que enmarca tu rostro como la más
delicada de las obras de arte. Extraño como la luz baila en cada mechón, reflejando destellos que
parecen susurros dorados. Como, con cada movimiento, tu cabello se desliza como una caricia del
viento, enredándose entre tus dedos como si no quisiera alejarse de ti. Es un río suave que fluye
con cada gesto, un velo de seda que siempre he querido perderme en él, hundir mis manos y sentir su
calidez entrelazándose con mis sueños.
Y tus manos… esas manos pequeñitas que tanto adoro. Echo de menos la forma en la que danzas tus
manos mientras cantas palabras con tu dulce voz. Cómo las mueves con tanta ternura y pasión, dándole
vida a cada una de tus palabras. Me encanta ver como acompañas tus pensamientos con esos movimientos
tan tuyos, tan llenos de energía, como si cada historia que cuentas necesitara ser dibujada en el
aire.
Cada detalle de ti se ha vuelto mi refugio, mi hogar. No sabes cuánto deseo volver a verte, tenerte
cerca y poder mirarte sin prisa, sin una pantalla de por medio, sólo tú y yo. Hasta entonces,
seguiré contando los días y atesorando cada recuerdo, esperando el momento en el que pueda volver a
perderme en ti.
Te amo más de lo que las palabras puedan decir, lo que las imágenes puedan mostrar y las canciones
puedan expresar.
Siempre tuyo, mi princesa